En 1935, se emplazó en Canota un monumento en piedra que evocaba la división de las columnas del Ejército de los Andes que habían atravesado los pasos cordilleranos de Uspallata y las Yaretas o Los Patos. En rigor, la iniciativa oficial obedecía a distintas motivaciones: el merecido reconocimiento del gobierno y pueblo de Mendoza a San Martín, sus oficiales y soldados; la oportunidad de mostrar los hitos de una ruta que ofrecía formidables paisajes para el turismo local, nacional y extranjero; y el clima cultural nacionalista y regional que animaba a historiadores, escritores y artistas a documentar, narrar y representar el célebre Cruce de los Andes. Una atmósfera que no era exclusiva de los ateneos y asociaciones que preservaban el legado sanmartiniano, sino que nutría la agenda del gobierno nacional y de las instituciones que custodiaban su memoria.