Producción en ascenso, consumo en declive

La brecha creciente entre elaboración y consumo de vinos se profundizó con la caída del consumo per cápita que comenzó en 1970, luego de alcanzar el máximo histórico.

Las administraciones gubernamentales no pudieron dirimir las contradicciones que representaban el sostenimiento de medidas “productivistas” y las drásticas acciones reguladoras de la oferta de vinos encaradas por la empresa pública Bodegas y Viñedos Giol desde 1964.

Conjunto Refugio Lemos, Tunuyán, Mendoza RP 94
Publicidad operativos de compra de uvas de Bodegas y Viñedos Giol década 1960 (Diario Los Andes).

En efecto, las desgravaciones impositivas a nuevas plantaciones de variedades criollas en zonas áridas (como San Martín y Rivadavia) posibilitadas por riego con agua subterránea, o el crédito desregulado y barato que derivó en inversiones especulativas de grupos económicos extrarregionales, iban en sentido contrario a las compras de uvas y vinos que realizaba la bodega estatal para retirar stocks del mercado.

Las autoridades tampoco advirtieron que el rechazo al vino clarette o rosado por parte y el abandono del vino como bebida acompañante de las comidas constituían cambios en las preferencias de los consumidores que habían llegado para quedarse.

Algunas empresas innovadoras intentaron trasladar su dinamismo interno al mercado externo mediante un temprano proceso de internacionalización. Este fue el caso de la empresa Peñaflor, que instaló oficinas comerciales en Estados Unidos, pero los problemas macroeconómicos del país limitaron estos intentos.

Conjunto Refugio Lemos, Tunuyán, Mendoza RP 94
Publicidad vino Bodega Giol década 1970.
Conjunto Refugio Lemos, Tunuyán, Mendoza RP 94
Publicidad vino Bodega Peñaflor 1968.