Prácticas tradicionales conviven con innovaciones que desafían la naturaleza y ofrecen nuevos servicios para el turismo, como gastronomía y hotelería.
Los viñedos en altura y modernas bodegas, que permitieron incorporar nuevas superficies a la producción desafiando las condiciones del clima y del suelo mediante el uso del conocimiento y la experiencia acumulada en el pasado y de modernos desarrollos tecnológicos de riego, cultivos varietales y formas de elaboración, constituyen un símbolo de la nueva vitivinicultura que mira al mercado externo.