La sala contigua exhibe dos estandartes de las fuerzas realistas que representan los trofeos de guerra rescatados en distintas acciones militares por oficiales del Ejército de los Andes en 1817. Después de la célebre batalla de Chacabuco, San Martín hizo llegar al director supremo de las Provincias Unidas de Sud-América, Juan Martín de Pueyrredón, una bandera que fue expuesta en el balcón del cabildo de Buenos Aires junto a un retrato del héroe de los Andes orlado de laureles como muestra de la fama y gloria del vencedor y restaurador de la libertad de Chile.
Los cabildos de Mendoza, San Juan y San Luis realizaron ceremonias públicas al recibir pabellones semejantes como expresión del agradecimiento y reconocimiento de San Martín al accionar de los bravos cuyanos que habían contribuido a la empresa libertaria. El interés de San Martín por rescatar y preservar los estandartes o banderas realistas se mantuvo intacto en la campaña al Perú, por lo que decidió obsequiarlos al gobierno y pueblo de Buenos Aires en su calidad de Protector de los Pueblos Libres del Perú por haber contribuido a «los progresos de la causa pública con su energía, decisión y constancia».
En su mayoría los batallones realistas que enfrentaron las columnas del Ejército de los Andes a lo largo de la cordillera procedían de las provincias del sur chileno y estaban integrados por militares españoles-americanos, capitanes de milicias criollos y tropas compuestas de manera coactiva o voluntaria por indígenas, mestizos y peones rurales fieles al virrey del Lima, y a la monarquía española, sus leyes y su religión. La captura de los estandartes constituía un acto crucial en tanto servían a la estrategia e identidad militar, y en trofeo irrefutable del triunfo obtenido en el campo de batalla.