El palacio que nunca fue
En los años treinta, la problemática del palacio a medio construir fue retomada por los gobiernos conservadores.
Guillermo Cano, al poco tiempo de asumir su período de gobierno (1935-1938), elevó una nota a la legislatura provincial en la que propuso reiniciar las paralizadas obras en el centro de la plaza Independencia. Pero la aprobación de la propuesta del entonces Ejecutivo provincial por parte del Legislativo no llegó.
En 1939, las obras del postergado edificio fueron utilizadas para la realización de la Muestra Mendoza, una exposición «de las riquezas naturales de nuestro suelo y de las que el hombre ha conseguido arrancarle con su esfuerzo», efectuada paralelamente a los actos vendimiales de ese año.
Las obras inconclusas del Palacio se utilizaron como sede de la Muestra Mendoza en 1939 / Fuente: Francisco Giménez Puga, 1940
Dos años después, se propuso la reutilización de las paralizadas obras desde la Dirección de Arquitectura de la provincia, bajo la dirección del arquitecto Arturo Civit.
Esta iniciativa contemplaba la conservación de lo construido del subsuelo del palacio como sede del Archivo Histórico, de la Junta de Estudios Históricos, de la Biblioteca Gral. San Martín, del Museo Sanmartiniano y del Museo de Bellas Artes. A nivel se erigiría un monumento a la Bandera del Ejército de Los Andes.
Pero en el período gubernamental siguiente se cambió el proyecto.
Finalmente, los indicios de la construcción de lo que se pensó como centro del gobierno provincial fueron demolidos en parte, hacia 1941, en la intervención que el entonces director de Parques, Calles y Paseos de la provincia, arquitecto Daniel Ramos Correas, inició en la plaza Independencia.
Ramos optó por devolver el carácter de espacio público a la plaza para la cual diseñó un espacio central semienterrado (cuya vista principal es un gran mural y una fuente) que albergaría diversas instituciones culturales, hasta llegar a ser sede del teatro municipal Julio Quintanilla y del Museo Municipal de Arte Moderno.