Raíces profundas

La vitivinicultura mendocina hunde sus raíces en la época colonial.

Los primeros registros de elaboración de vinos y aguardientes datan de mediados del siglo XVI, poco después de la fundación de la ciudad.

La llegada de los españoles trajo consigo las primeras cepas de vid y las técnicas de vinificación europeas.

Sin embargo, es importante destacar que los pueblos originarios, como los Huarpes, ya cultivaban uvas en la región, lo que demuestra una tradición vitivinícola aún más antigua.

A mediados del siglo XIX, hubo una serie de hechos que sentaron las bases de la actividad en la provincia:

• La expansión de la red ferroviaria por todo el país.
• La llegada de inmigrantes, portadores de una gran cultura del vino.
• La orientación del comercio al mercado interno.
• La contratación de Michel Pouget para modernizar la vitivinicultura.

    Conjunto Refugio Lemos, Tunuyán, Mendoza RP 94
    Italianas cosechando, Mendoza. Foto de Bialet Massé (1904).

    Estas iniciativas demuestran la intención de posicionar a la vitivinicultura como una actividad central en Mendoza.

    La modernización vitivinícola de fines del siglo XIX estuvo orientada a la producción masiva, con cierta preocupación por mejorar la calidad de los vinos.

    La participación en exposiciones, la contratación de técnicos especializados, los intentos por comercializar en el mercado extranjero son algunas de las muestras sobre los aportes incrementales de enólogos, agrónomos, empresarios y productores para que hoy el vino sea nuestra bebida nacional.

    Conjunto Refugio Lemos, Tunuyán, Mendoza RP 94
    Viña del señor Germán Colm. Escena de cosecha. Foto de Bialet Massé (1904).