El transcurso del tiempo desdibuja las formas y sentidos que la sociedad otorga a determinados espacios en momentos específicos. De esta forma, a través de los siglos, se superponen estratos de experiencias cuyos significados se pierden o transforman. Esto parece haber sucedido con la Ruta Provincial 52, más conocida en la actualidad como el camino a Villavicencio.
Se ha desvanecido la memoria de que durante siglos fue uno de los caminos más importantes y transitados de la región y, es poco conocido entre los jóvenes, que esta ruta, que atraviesa el departamento de Las Heras hasta alcanzar la villa de Uspallata era la principal vía de comunicación con Chile. En efecto, nadie llegaba o partía de Mendoza a Santiago, sin antes experimentar el camino de las curvas en caracol que ascienden la sierra de Uspallata.
1551 – 1583

Don Alonso de Sotomayor, c. 1600. Fr. Diego de Ocaña, Relación del viaje por el Nuevo Mundo. Biblioteca de la Universidad de Oviedo.
1551 – 1583
El conquistador Francisco de Villagra (1511-1563) llegó a Cuyo en 1551 cuando retornaba del Perú con refuerzos para contener la rebelión indígena en el Sur de Chile. Las fuerzas españolas recorrieron el camino del Inca buscando el paso situado frente a Santiago. La nieve los detuvo en la actual Mendoza donde comenzaron a repartir a los huarpes en encomiendas. Los indígenas eran llevados acollarados por el camino que conducía a Santiago a través de Uspallata para pagar tributo en forma de servicio personal. En 1581 Alonso de Sotomayor (1545-1610) fue designado gobernador de Chile. Partió de Cádiz comandando una expedición para combatir la rebelión de los araucanos y neutralizar la amenaza de los corsarios ingleses. En 1583 una tempestad los obligó a refugiarse en el puerto de Buenos Aires y debieron llegar a Chile a través de las pampas. De esta manera azarosa, en el siglo XVI, quedó establecida la ruta terrestre que vinculaba el Atlántico y el Pacífico a través de la cordillera, evitando los peligros de la ruta marítima que cruzaba el estrecho de Magallanes. En los siguientes dos siglos el camino de Uspallata fue la principal vía del tráfico de mercancías y esclavos que ingresaban por Buenos Aires y eran conducidos hacia Chile y Perú.
1794-1810

Fragmento de la Carta esférica de la parte interior de la América meridional, 1810. José Espinosa y Felipe Bauzá. British Library.
1794-1810
José Espinosa (1763-1815) y Felipe Bauzá (1764-1834) fueron dos oficiales de la Armada Real Española que integraron la expedición científica dirigida por Alejandro Malaspina. Entre 1789 y 1794 recorrieron las costas del imperio en las goletas Atrevida y Descubierta describiendo sus características naturales y humanas. En 1794 se separaron de la expedición y exploraron el camino hacia Buenos Aires desde Santiago de Chile. En el trayecto recopilaron información con la que levantaron el primer plano del camino a Mendoza y una carta esférica del interior de América meridional que fueron publicados en Madrid en 1810. De acuerdo con sus notas de viaje en Uspallata había dos casas, la del maestro de postas y la de un vecino particular, además de “otros edificios que sirven para moler metales de las famosas minas de su inmediación. El valle es estéril y el río pasa a orilla de las casas. Tiene bastante anchura en este paraje, pero trae poca agua en el día. Desde Uspallata sigue el camino arenoso con piedras subiendo insensiblemente y dando vueltas del N. al N. E. hasta las minas de San Lorenzo que están en un cerro de mediana altura […] En la actualidad trabaja poca gente, aunque según los operarios, es metal de 200 marcos por cajón”.
1819 – 1824

Fabiana denudate, 1848. John Miers. Ilustrations of South American Plants.
1819-1824
John Miers (1789-1879) fue un ingeniero inglés que en 1819 desembarcó en el puerto de Buenos Aires para emprender una explotación minera en Chile junto a Lord Cochrane, marino británico que dirigió la escuadra de la expedición libertadora al Perú. Miers atravesó la cordillera por el camino de Uspallata en su viaje de ida y, en 1824, cuando regresó a Inglaterra. Sus contribuciones al conocimiento de la flora sudamericana le permitieron ingresar en la Royal Society de Londres. En 1826 publicó Viajes en Chile y el Plata donde describe las particularidades del camino: “El estado […] fue muy bueno por unas cinco leguas […] pero más allá la ruta estaba llena de baches y pozos, cubiertos de piedras, grandes y pequeñas, particularmente de caliza primitiva negra, de piedra arcillosa, de pizarra hornbléndica y de pórfido. Pasamos a la izquierda de un cerro redondo llamado La Calera, del cual la ciudad de Mendoza se abastece de cal. Continuamos la marcha rumbo al norte… Nuestro camino seguía siempre en medio de la árida travesía, que no produce más que árboles espinosos, como el chañar, el atamisque, el retortuño, y arbustos balsámicos de distintas variedades, llamados jarillas; plantas salinas que se denominan jume, vidriera, etc. y diversas especies de cactos”.
1835

Villavicencio. Peter Schmidtmeyer. Travels into Chile over the Andes in the years 1820 y 1821, 1824.
1835
Charles Darwin (1809-1882) fue un naturalista inglés que participó en la expedición científica británica que entre 1831 y 1836 dio la vuelta al mundo en el Beagle, un bergantín de la Marina Real. Las observaciones realizadas en el viaje le resultaron fundamentales para proponer la teoría de la evolución en su obra El origen de las especies (1859). En 1835 desembarcó en Valparaíso para explorar la cordillera de los Andes que cruzó por el paso del Portillo y por el camino de Uspallata. Luego de describir Villavicencio apuntó en su Diario de Viaje un descubrimiento magnífico: “En la parte central de la sierra […] observé […] algunas columnas tan blancas como la nieve. Eran árboles petrificados; once estaban convertidos en sílice y treinta o cuarenta más en espato calcáreo groseramente cristalizado. Todos estaban rotos poco más o menos a la misma altura y se alzaban algunos pies sobre la superficie del suelo […] No son necesarios profundos conocimientos de geología para comprender los hechos maravillosos que indica esa visión y, sin embargo, lo confieso, experimenté primero tal sorpresa, que no quería creer en las pruebas más evidentes. Me encontraba en un lugar donde un grupo de árboles extendían en pasados tiempos sus ramas sobre las costas del Atlántico, cuando este océano […] venía a mojar el pie de los Andes”.
1862

Uspallata. Peter Schmidtmeyer. Travels into Chile over the Andes in the years 1820 y 1821, 1824.
1862
En 1862 el ingeniero Ignacio Rickard (18XX-18XX) cruzó la cordillera por el camino de Uspallata rumbo a San Juan donde había sido designado Inspector de Minas para evaluar la riqueza mineral del subsuelo del país. En 1863 publicó en Londres Viaje a través de los Andes donde describe los efectos del terremoto de 1861, que destruyó la ciudad de Mendoza, sobre el camino: “las casas de Uspallata sufrieron considerable daño, y el área ocupada por los oficiales del Resguardo quedó completamente destruida; las paredes restantes en los alrededores están agrietadas y torcidas, y no resistirían otro temblor”. Al llegar al Paramillo añadió: “es una región desértica y fría: una serie de cadenas montañosas bajas, sobre las que sopla continuamente un viento cortante. Esta clase de terreno debe de ser el más fatigante y malo que pueda encontrar un viajero; consiste en una serie inacabable de subidas y bajadas, de cada una de las cuales uno piensa que será la última, pero no […] hay otra, y otra más, hasta que uno se cansa y harta, y pierde la esperanza de llegar alguna vez al fin. Al anochecer llegamos, al fin, y la vista ilimitada que se presentó a mi mirada atónita hizo valer realmente la pena de haber llegado hasta allí”.
1890

Annie Smith Peck en ropa de montañista. 1877. Michigan Historical Collections.
1890
En 1889 el abogado chileno Abraham König (1846-1925) cruzó la cordillera en mula hasta Villavicencio donde tomó un coche de 4 caballos que lo llevó a Mendoza. En el Diario de viaje a través de la República Argentina lamentaba la extensión del camino ya que, al llegar a Uspallata “la senda abandona el río para internarse por largo trecho, dando un rodeo que prolonga sin necesidad la longitud del camino y, por consiguiente, las horas de marcha”. Por entonces se iniciaron los trabajos para extender las vías férreas hacia Chile que seguían el curso del río Mendoza. Veinte años más tarde, la montañista norteamericana Annie Smith Peck (1850-1835) cruzó la cordillera rumbo a Buenos Aires en el Ferrocarril Trasandino, inaugurado en 1910. En 1913 publicó Gira Sudamericana donde describía las estaciones del trayecto y recordó a los lectores que “El nombre Uspallata se aplica a todo el camino; su pasaje por una división del ejército de San Martín, con cañones, fue una notable hazaña militar. El mismo general cruzó con una fuerza superior por el norte del Aconcagua, por un paso más bajo, pero más frío llamado Los Patos”. Su guía es uno de los pocos relatos sobre el camino escritos por una mujer.